jueves, 11 de diciembre de 2014

La confianza en el teatro

La confianza se encuentra en la base de cualquier relación exitosa. Cualquiera que haya tenido una pareja sabe lo importante que es la confianza mutua para discutir las cosas, para luchar contra los celos, etc. Pero es una cuestión que no sólo se da en las parejas, sino en todos los campos: la amistad se basa en la confianza en que el otro no se aprovechará de uno para hacernos daño, la familia igual, etc.

Pero, si eso es así a nivel micro de nuestras vidas personales, no lo es menos cierto a nivel macro, del conjunto de la sociedad. El buen funcionamiento de una sociedad depende de la capacidad de crear confianza entre sus miembros, por diversos medios. Antiguamente, por ejemplo, se recurría al honor como medio de generarla, ya que si todo el mundo era honorable podías fiarte de ellos. O la religión, con sus mandamientos.
En la actualidad, esta confianza se basa en medios explícitos, y medios implícitos. Un ejemplo de método explícito son las bases de datos, que recogen nuestros actos criminales y demás información, de modo que la gente que debe proteger a los ciudadanos del daño (la Policía, por ejemplo), pueda saber si algún posible criminal está cerca (con el lado negativo de los abusos, los sospechosos habituales, etc.). O una empresa que contrata a alguien nuevo y confía en que esa persona pueda desempeñar su empleo tiene títulos, currículums, cartas de recomendación, etc. que sirvan para generar esa confianza por parte del empleado. O un usuario que va a comprar un producto tiene el valor de la confianza que le genera la marca, el defensor del consumidor, la garantía, etc.
Pero también hay infinidad de formas implícitas por las que generamos esa confianza. La moral, por ejemplo, ya que esperamos que los demás compartan los valores de la sociedad en la que vivimos. La educación, que genera esos valores, también sirve para dar confianza. El conocer el entorno puede darnos confianza también, y hacer los entornos fáciles de entender (por ejemplo, mediante señalización) genera esa confianza con más sencillez.
Todos estos mecanismos, y muchos más, permiten que un millón de acciones cotidianas funcionen con normalidad. Como padres que dejan a sus hijos ir al colegio solos en Metro para ellos poder llegar a tiempo al trabajo, consumidores que no necesitan comprobar la mercancía en la tienda cuando cogen una caja con un producto, o peatones que saben que los coches se pararán cuando el semáforo se ponga en rojo.
Pero hay ocasiones y situaciones que pueden romper esa confianza. La subida de la criminalidad en un barrio o zona es buen ejemplo de esto, pero también los escándalos políticos o económicos, la crisis, el ver que los demás no acuden a las necesidades que tenemos, etc. Por eso, la situación en la que vivimos actualmente es tan peligrosa. No sólo la economía se ha resentido y el sistema político se ha deslegitimado, sino que por millones de caminos, todos estamos perdiendo parte de nuestra confianza en los demás, en los que gobiernan y los que no lo hacen.

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